No Quejarse

Un vaquero conducía por un camino de tierra; su perro iba en la parte trasera de la camioneta y su fiel caballo en el remolque detrás. Había una curva peligrosa en la carretera de la que no estaba consciente y tuvo un accidente terrible. Él y los animales fueron arrojados en distintos lados, todos heridos. Algún tiempo después, un oficial de la patrulla de carreteras entró en escena. Amante de los animales, vio al caballo primero. Al darse cuenta de la gravedad de sus heridas, sacó su revólver de servicio y sacó al animal de su miseria. Caminó alrededor del accidente y encontró al perro, también gravemente herido. No podía soportar oírlo gemir de dolor, así que también puso fin al sufrimiento del perro. Finalmente localizó al vaquero –que sufrió múltiples fracturas y no se podía mover– entre la maleza. “Oye, ¿estás bien?” preguntó el policía. El vaquero echó un vistazo al revólver humeante en la mano del oficial y rápidamente respondió: “¡Nunca me sentí mejor!”

Parece que nuestras quejas pueden provocar actividad demoníaca. Abre una lata de gaseosa y déjala en el jardín de tu casa por algunas horas una tarde de verano. Vuelve, y verás avispas seguro, porque el olor del azúcar les atrae. Los demonios podrían ser atraídos por actitudes carnales nuestras al no expresar la gratitud que corresponde a una persona que Dios ha salvado.

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